LUCHAS Y COLORES

Bajo un cielo sombrío de las calles de Lima y ante las miradas desconcertadas de los transeúntes, miebros de la comunidad LGTBIQ+ agitan y cargan sus banderas de colores mostrándoles al mundo el orgullo de su identidad sexual.
En una sociedad conservadora como el Perú, cargada de moralismos y estereotipos, es todo un desafío cargar la bandera del orgullo gay. Pues, en una sociedad donde la heteronormatividad fundamenta la jerarquía sexual, la sexualidad que traspase el modelo binario no solamente está condenado al silencio, la invisibilidad y el tabú; sino que además en la práctica social generan la homofobia, la exclusión, las violencias y la muerte de las identidades sexuales que traspasan o se ubican en las fronteras del patrón femenino-masculino (Palevi, 2016:100).
Ante esta sensura social, el activismo y la autoorganización se ha convertido en el arma principal de la comunidad LGTBIQ+ no solo para resistir, sino también para reveindicar sus derechos ante el Estado y deberes a la sociedad. En el marco de sus luchas, han determinado lugares geográficos y símbolicos, que representan escenarios de disputa por el poder para lograr visibilización y ocultamientos sociales (Vera, 2015). Así, en la representación y visibilización públicas cargados de performativdad que expresan complejas connotaciones, se puede apreciar la bandera de colores como un elemento simbólico de la diversidad sexual, donde cada color guarda un significado detrás.






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